Texto e imágenes por: Pablo Olivera

Encontrarlo, detenerse a contemplar. Súbitamente se emprende un caminar hacia el pasado. Una multitud de gestos de diseño que se reflejan en la deslumbrante propuesta dirigida por Guilles Vidal, director de diseño de la marca a la que pertenece este concept car, el cual tambien nos hace saltar hacia el futuro y olvidarnos por un momento de lo que sucede a nuestro alrededor. Es el modelo conceptual autónomo de la marca Peugeot presentado en el salón de París 2018: el Peugeot E-legend.

Es habitual que los prototipos de origen francés se apropien de la locura, atrevimiento y magnificencia de su cultura. Históricamente, el aburrimiento no ha sido un condimento en la genética de las marcas automotrices provenientes de este país. El E-Legend debe ser fiel a esto. Tuvimos la oportunidad de verlo en el Viena Autoshow 2020, una pieza que se dispone en el stand junto a los modelos actuales de la marca. Al contemplarlo uno se da cuenta de algo que solo se logra con exigentes horas de trabajo, manos con alto grado de pasión y talento: predominar pero sin alejarse de la identidad, complicado objetivo cuando uno ve que toda la gama actual de vehículos de Peugeot cumple con estar impregnada de excentricidad, siempre  han exigidos ser diferentes al resto.

La misión es recrear lo que fue esbozado por Pininfarina hace 40 años, el Peugeot 504 Coupé, producido entre 1969 a 1983. Es el modelo de inspiración para escribir un episodio de nostalgia de una gran época de diseño de la marca. La receta para conseguir reinscribir una legenda debe incorporar conceptos con un rigor finamente equilibrado. El E-lengend seduce con la tecnología y materiales de esta era, pero sus proporciones no solo son diferentes al resto de la gama de vehículos que lo acompañan, sino que es un vehículo que está ahí para plantearse como un ser mitológico dentro de la era automotriz actual.

El frontal es de carácter, tienen tensión, actitud de enojo que se acentúa por los dobles faros trapezoidales en cada extremo, inscritos en la parrilla que ocupa toda la longitud  frontal en tonalidad negro, y en el centro la insignia retroiluminada del león;  a ver, sí, es el león que tal vez vió nuestro abuelo como emblema. Tres finas lineas led recorren la mascarilla desde el emblema hasta los faros que tienen una infinidad de detalles estéticos y funcionales iluminados, todo esto en fondo negro y enmarcado por bordes rectos de la carrocería que se subraya con dos perfiles led en cada extremo que funcionan como termitentes. Sin duda el diseño de iluminación del frontal es de joyería. El conjunto de elementos presentes en el frontal rememora al mítico Peugeot 505 o el 405 con su cara enojada, lo que fue identidad de la marca hasta finales de la década de los 90. El paragolpes delantero y trasero son metálicos (algo insólito ya de ver en los vehículos actuales), una gran pieza de aluminio negro separada de la carrocería, herencia de los parachoques metálicos cromados del modelo de inspiración.


La carrocería del E-legend es una mezcla de líneas afiladas extremadamente tensas con suaves curvas entre ellas, códigos que permiten lograr un cuerpo de dimensiones y proporciones totalmente realistas y pragmáticas. Los pasos de ruedas son levemente ensanchados tanto adelante como atrás (hay musculatura), y se define aún más, cuando nos fijamos en la rasgadura  tipo arco en cada paso de rueda. En los pasos delanteros este detalle incluye un conducto de aire, las ruedas son de 19 pulgadas con neumáticos normales de producción marca Michelin: realismo y credibilidad.

Los flancos se presentan en 3 estratos diferentes: inspiración directa en la relación chapa / vidrio del 504 coupé, la zona inferior pintada en negro tiene conductos de aire para enfriar las baterías de propulsión, luego pasamos a una amplia superficie completamente lisa de la puerta hasta la extensa superficie acristalada. En el habitáculo, la maniobra concedida por el ligero pilar “A” (casi invisible entre la superficie acristalada) nos recuerda que estamos viendo un vehículo conceptual. Desde allí nace el techo perfilado por un arco metálico pulido, que recorre y proporciona los bordes para la silueta perfecta y casi arquetípica de lo que acostumbramos ver como una carrocería coupé. En forma de cuchilla el pilar “C” cae pronunciadamente. La luneta trasera se inserta entre estos pilares y en su base por el lateral una pantalla visible desde el exterior presenta mensajes digitales. Nos invita a subir a un gadget tecnológico: no existen manillas, solo acercar el dedo al contorno del vidrio para que la puerta del conductor se abra.

¡Vuelve con fuerza el terciopelo! Pero no cualquiera, acá la tela es una seda que se mezcla con una malla de hilo brillante que genera una trama tejida digitalmente, todo por empapar al interior con una fuerte influencia de la década del 70′ en términos de forma, texturas y colores. El azul turqueza usado en los asientos tipo H y en el piso quiere provocarte la lágrima de la nostalgia. El acolchado cuenta con memoria lo que le permite tener la capacidad de adaptarse perfectamente al cuerpo del usuario, como un traje a la medida.

Hay sectores del interior en el que se incorpora madera de Paldao, madera exótica con vetas muy oscuras, combinación que se ha trabajado entre telas y madera para proporcionar las texturas y tonalidades que hacen aducir a los mejores salones Art Decò con sus muebles de palo de rosa o ébano. Materiales cálidos entregan esa elegante cercanía que niega la frialdad de la era digital y sus pantallas; en el E-legend, 16 en total.  Hay una pantalla curva de 49 pulgadas debajo del volante, de 29 pulgadas en las puertas y 12 pulgadas en las viseras. Una delgada y limpia consola central nos da acceso a los controles de conducción principales a través de un control giratorio y una pantalla táctil de 6 pulgadas.

La emblemática firma visual de ‘tres garras’ forman el conjunto de faros posteriores en led; lenguaje y tecnología que se ha apropiado de varios modelos de la linea Peugeot. La tercera luz de freno es otra pieza de diseño fascinante, ubicada en la parte superior de la luneta trasera, cubre todo el ancho del conjunto con una serie de cuchillas individuales que se reflejan a sí mismo. La pintura del E-legend parece ser gris, pero cuenta con sutiles reflejos champang que varía según la luz exterior: pasa de un cromado que refleja todo su entorno a un aspecto metálico de bronce pulido.

El E-legend tiene cuatro modos de conducción, dos de conducción manual y dos autónomos. En modo manual la conducción esta centrada en que el chofer aproveche las bondades de los motores eléctricos. Al activar el primer modo ‘Boost’,  la distribución en las cuatro ruedas cobra valor al proporcionar una conducción dinámica y estimulante, haciendo un 0-100 en menos de 4 segundos y alcanzando velocidad máxima de 220 km/h.  Tambien puede tener un modo manual mucho más pausado activando el modo ‘Retro’.

Con baterías de 100 kWh, 800 Nm y una potencia de 340 Kw entrega una autonomía 600 km en modo ‘Autónomo’, donde el interior se adapta para buscar el relajo absoluto: el volante se esconde bajo la barra central para que la pantalla de 49 pulgadas sea totalmente visible, los asientos delanteros se reclinan, y los reposabrazos se despliegan. En el interior se puede elegir el modo ‘Soft’, centrado conectar al usuario con la ruta, o el modo ‘Sharp’, que busca conexión con redes y entretención digital.

Estamos habituados a que marcas históricas tracen el futuro con foco de inspiración en las líneas y modelos que le permitieron fundar su éxito, pero lo excepcional es resaltar entre ellos. El Peugeot E-legend es excepcional, pues lo logra coqueteando entre el pasado y el futuro con armonía. Las proporciones y rasgos de este concept car nos evocan a las décadas donde las carrocerías eran parte de una belleza concebida por detalles y proporciones dibujadas por manos que aprecian y esculpen el valor del diseño, el cual lo materializan como una de sus mejores obras. Esto es definir a un mítico carrocero. Gracias Pininfarina, gracias Peugeot por la leyenda, el E-legend.

La mayoría de los fanáticos románticos del automóvil y sus disciplinas, buscamos constantemente algo que llene nuestros sentidos dentro de la moderna oferta de automóviles para el uso diario. Lamentablemente cada vez se nos hace más difícil encontrar algo y optamos irracionalmente por algo cercano a la obsolescencia, escaso de repuestos y con un buen saco de kilómetros a cuestas.

 

Muchos creerán que nos hemos vuelto exigentes y probablemente lo que realmente nos llena, ya comienza a verse sobre precios que no son para comunes mortales. La parte más emotiva del mundo automotriz, está reservada a gente muy especial, todos con gustos específicos pero con un denominador común, el gusto es relativamente mundano y lo que más llena son detalles básicos y sensaciones que no se atraen con un gran diseño.

Hay varias razones para explicar este vacío o descontento. Algunos creerán que no es cierto, pero es cosa de ver cuánto revuelo causan las versiones manuales de Porsche o cuánto se han valorado los autos deportivos más sencillos de los años 90. Autos de pequeñas series, con prestaciones modestas pero con cosas esenciales como tracción trasera, poco peso, diseño sencillo pero muy apegado a las carreras, hoy cuestan más que un Porsche o Ferrari nuevos. Así, una lista comienza a finalizarse con los últimos autos puristas lanzados a principios del nuevo milenio, con alta tecnología en sus corazones, pero aún manteniendo la austeridad en el interior y en los conceptos generales.

 

La industria del automóvil se vio obligada a cambiar el giro, los altos costos de desarrollo y el brutal avance que se ha hecho en tecnología, demandan que un proyecto de automóvil para que sea rentable, debe ser vendible a grandes escalas. No basta con que un puñado de 500 o 1000 clientes compren una serie rara y ello justifique ganancias. De hecho series de esos números representan pérdidas, siendo mantenidas por algunos fabricantes sólo por un orgullo dominado por la pasión o tradición.

No somos la suficiente cantidad de fanáticos para hacer un automóvil rentable. Nosotros nos fijamos en cosas sencillas: cambio manual, suspensión y chasis rígido, maniobrabilidad, diseño sencillo y a la vez único, entre algunas otras cosas. Hoy los autos deben parecerse unos a otros, compartir chasis y la mayoría de las piezas. No hay un sentido de ser único, no se justifica por ningún lado. Cada auto nuevo tiene un aire forzado a ser único, hay una fuerte desconexión entre el piloto y la “máquina”, dominado por sistemas de asistencia, tecnología en grandes cantidades y una versatilidad que hace posible que cualquiera lleve el volante sin tener problemas.

 

Hoy si un auto no es cómodo para una persona que lo utiliza para las más variadas tareas, entonces no es vendible. Probablemente si tuviésemos la posibilidad de hacer un auto rentable, destinado sólo a fanáticos, llegamos a chocar con las leyes y estándares internacionales. Son tantas las exigencias que se necesitan desarrollos y cifras cuantiosas para que un auto pueda homologarse y circular por las carreteras. Unos pocos países dejan que proyectos más artesanales o básicos sean utilizables, pero seamos honestos, la situación climática y los acuerdos internacionales hacen que cada vez esto sea menos posible.

¿Qué nos queda?

Valorar el pasado y atesorar esas épocas donde todo era posible, cuando un auto normal tenía aplicaciones reales de madera en el tablero, instrumentos de la misma procedencia que deportivos de mayores prestaciones, diseño único, sin asistencias y por, sobre todo, personalidad.

Muchos asumimos las fallas y las infinitas incomodidades que pueda tener un determinado auto, pero como parte de la belleza única del ser humano, nos hace felices y diferentes uno del otro.

 

Lamentablemente hoy ese sinónimo de libertad y pasión, está reservado en valores que nos cuesta muchos años alcanzar. Por ello, es importante estudiar la historia del automóvil e internarse en los modelos clásicos e históricos, donde aún se esconden sorpresas al alcance de todos, proyectos que nos devuelven el alma y el viejo entusiasmo por los autos.

El nuevo Porsche 911 GT3 RS es verde. ¿Se puede preguntar por qué? Cuando se les plantea esta pregunta a Barbara Sika y Daniela Milošević, es fácil recibir como respuesta una sonrisa con conocimiento de causa. Estas dos diseñadoras son las encargadas de desarrollar en Porsche los colores para los nuevos modelos y derivados.

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La presencia del color en la mayoría de los aspectos de nuestra vida es sumamente central popularizándose cada vez más, la idea de una ciencia del color que engloba al ser humano, se establece la noción de que cada color tiene un significado, representa algo específico y sirve para determinada función activando el hemisferio derecho, vinculado con las emociones.  

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Ver partes y piezas de madera en un automóvil causa una cuota de curiosidad; pero ver una carrocería completa de madera es algo que cuesta creerlo. Son las llamadas carrocerías Woodie, (de wood, «madera» en inglés, y woodie, «hecho de madera»), las cuales han existido desde principios de la década del 1900, es la manera de responder de la industria automotriz a una historia de cambios tecnológicos y sociales asociados a la construcción de vehículos.

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La artesanía,  el movimiento  Art and Craft y  la era post industrial, resurgen de la mano maestra del carrocero italiano Touring que nuevamente hace un esfuerzo por re concebir una obra para conducir, algo emocionante y placentero de observar, el Alfa Romeo Disco Volante Touring Superleggera.

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