La mayoría de los fanáticos románticos del automóvil y sus disciplinas, buscamos constantemente algo que llene nuestros sentidos dentro de la moderna oferta de automóviles para el uso diario. Lamentablemente cada vez se nos hace más difícil encontrar algo y optamos irracionalmente por algo cercano a la obsolescencia, escaso de repuestos y con un buen saco de kilómetros a cuestas.

 

Muchos creerán que nos hemos vuelto exigentes y probablemente lo que realmente nos llena, ya comienza a verse sobre precios que no son para comunes mortales. La parte más emotiva del mundo automotriz, está reservada a gente muy especial, todos con gustos específicos pero con un denominador común, el gusto es relativamente mundano y lo que más llena son detalles básicos y sensaciones que no se atraen con un gran diseño.

Hay varias razones para explicar este vacío o descontento. Algunos creerán que no es cierto, pero es cosa de ver cuánto revuelo causan las versiones manuales de Porsche o cuánto se han valorado los autos deportivos más sencillos de los años 90. Autos de pequeñas series, con prestaciones modestas pero con cosas esenciales como tracción trasera, poco peso, diseño sencillo pero muy apegado a las carreras, hoy cuestan más que un Porsche o Ferrari nuevos. Así, una lista comienza a finalizarse con los últimos autos puristas lanzados a principios del nuevo milenio, con alta tecnología en sus corazones, pero aún manteniendo la austeridad en el interior y en los conceptos generales.

 

La industria del automóvil se vio obligada a cambiar el giro, los altos costos de desarrollo y el brutal avance que se ha hecho en tecnología, demandan que un proyecto de automóvil para que sea rentable, debe ser vendible a grandes escalas. No basta con que un puñado de 500 o 1000 clientes compren una serie rara y ello justifique ganancias. De hecho series de esos números representan pérdidas, siendo mantenidas por algunos fabricantes sólo por un orgullo dominado por la pasión o tradición.

No somos la suficiente cantidad de fanáticos para hacer un automóvil rentable. Nosotros nos fijamos en cosas sencillas: cambio manual, suspensión y chasis rígido, maniobrabilidad, diseño sencillo y a la vez único, entre algunas otras cosas. Hoy los autos deben parecerse unos a otros, compartir chasis y la mayoría de las piezas. No hay un sentido de ser único, no se justifica por ningún lado. Cada auto nuevo tiene un aire forzado a ser único, hay una fuerte desconexión entre el piloto y la “máquina”, dominado por sistemas de asistencia, tecnología en grandes cantidades y una versatilidad que hace posible que cualquiera lleve el volante sin tener problemas.

 

Hoy si un auto no es cómodo para una persona que lo utiliza para las más variadas tareas, entonces no es vendible. Probablemente si tuviésemos la posibilidad de hacer un auto rentable, destinado sólo a fanáticos, llegamos a chocar con las leyes y estándares internacionales. Son tantas las exigencias que se necesitan desarrollos y cifras cuantiosas para que un auto pueda homologarse y circular por las carreteras. Unos pocos países dejan que proyectos más artesanales o básicos sean utilizables, pero seamos honestos, la situación climática y los acuerdos internacionales hacen que cada vez esto sea menos posible.

¿Qué nos queda?

Valorar el pasado y atesorar esas épocas donde todo era posible, cuando un auto normal tenía aplicaciones reales de madera en el tablero, instrumentos de la misma procedencia que deportivos de mayores prestaciones, diseño único, sin asistencias y por, sobre todo, personalidad.

Muchos asumimos las fallas y las infinitas incomodidades que pueda tener un determinado auto, pero como parte de la belleza única del ser humano, nos hace felices y diferentes uno del otro.

 

Lamentablemente hoy ese sinónimo de libertad y pasión, está reservado en valores que nos cuesta muchos años alcanzar. Por ello, es importante estudiar la historia del automóvil e internarse en los modelos clásicos e históricos, donde aún se esconden sorpresas al alcance de todos, proyectos que nos devuelven el alma y el viejo entusiasmo por los autos.

El nuevo Porsche 911 GT3 RS es verde. ¿Se puede preguntar por qué? Cuando se les plantea esta pregunta a Barbara Sika y Daniela Milošević, es fácil recibir como respuesta una sonrisa con conocimiento de causa. Estas dos diseñadoras son las encargadas de desarrollar en Porsche los colores para los nuevos modelos y derivados.

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La presencia del color en la mayoría de los aspectos de nuestra vida es sumamente central popularizándose cada vez más, la idea de una ciencia del color que engloba al ser humano, se establece la noción de que cada color tiene un significado, representa algo específico y sirve para determinada función activando el hemisferio derecho, vinculado con las emociones.  

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Ver partes y piezas de madera en un automóvil causa una cuota de curiosidad; pero ver una carrocería completa de madera es algo que cuesta creerlo. Son las llamadas carrocerías Woodie, (de wood, “madera” en inglés, y woodie, “hecho de madera”), las cuales han existido desde principios de la década del 1900, es la manera de responder de la industria automotriz a una historia de cambios tecnológicos y sociales asociados a la construcción de vehículos.

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La artesanía,  el movimiento  Art and Craft y  la era post industrial, resurgen de la mano maestra del carrocero italiano Touring que nuevamente hace un esfuerzo por re concebir una obra para conducir, algo emocionante y placentero de observar, el Alfa Romeo Disco Volante Touring Superleggera.

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