Cadillac Eldorado Seville, el sueño del diseño americano

Existió una época en que el diseño logró más importancia que cualquier otra temática en los automóviles, fueron tableros de dibujo libres a la imaginación de las compañías, las formas perseguían tendencias sociales e interpretaban los sueños de sus conductores. Cadillac fue uno de los referentes de aquellos tiempos y Eldorado fue la punta de lanza de la marca estadounidense.

Foto, Pablo Olivera

Existen distintas versiones sobre el motivo por el que Cadillac adoptó el nombre Eldorado; una de ellas es que una secretaria sugirió el nombre, otra es que la marca lo escogió para celebrar sus 50 años. Lo cierto es que Eldorado hace referencia a una comarca sudamericana que quitaba el sueño de conquistadores e investigadores a nivel mundial debido a sus legendarias riquezas abundantes.
En 1953 Cadillac presentó el Series 62 Eldorado, como una versión mejor equipada del modelo normal, por lo que es muy fácil confundirlos. Inicialmente fue la versión convertible, hasta que con el paso de los años se agregaron versiones 4 y 2 puertas a la gama ofrecida bajo el nombre Eldorado.
Las nuevas versiones de la gama estarían basadas en el chasis del Series 62 convertible, una de ellas sería con techo duro (Hard Top) que se denominó como Seville y la convertible como Biarritz, ambas aparecidas en 1956 ya comenzando a mostrar prominentes aletas sobre los guardabarros traseros, inspiradas en el avión Lockheed P-38.

Foto, Pablo Olivera

Las diferencias más destacables de Eldorado sobre los Series 62 eran las llantas de rayos cromadas, piezas de la carrocería en acero inoxidable, suspensión neumática y un motor con más potencia. Para 1957 se agregó a la oferta el famoso Eldorado Brougham, apellido adoptado de un constructor de carruajes de finales del siglo 19, este equipaba 4 puertas, dos de ellas con apertura inversa o popularmente conocidas como “suicidas”, además de una serie de elementos de lujo que lo llegaron a hacer costar más que un Rolls Royce.

Foto, Guillermo Zuñiga

Las producciones, desde el inicio de la era de Eldorado siempre fueron limitadas, ni siquiera bordeaban las 1000 unidades fabricadas por versión. En 1958 llegó un cambio más profundo en el diseño de los Series 62, se incorporaron faros delanteros dobles por primera vez en toda la gama y unas prominentes aletas traseras, popularmente conocidas como “aletas de tiburón”.
Para Eldorado Seville de 1958 se preparó el motor V8 de 6 litros entregando 310 hp a 4.800 revoluciones por minuto, alimentado por 3 carburadores de doble cuerpo. El techo duro de esta versión se realizó en acero inoxidable y se instalaron llantas de rayos cromadas a diferencia de la gran mayoría de los modelos, incluso de lujo, que equipaban sólo tapas cromadas de acero.

Foto, Fernando Córdova

La carrocería del Seville era realizada por Fleetwood, un pequeño carrocero artesano que fue absorbido por GM en 1930 y desde aquel entonces, destinado para los modelos más costosos y detallistas de Cadillac. Después del Seville de 1958 muchas carrocerías fueron pedidas a empresas europeas, como Pininfarina, debido a que algunos Eldorado, como el Brougham adquirían pequeños detalles especiales que no podían interrumpir la feroz línea de producción de la marca compartida con los Series 62 de venta masiva.
El Seville 58’ también ofrecía suspensión neumática, autoregulable en altura, independiente del peso cargado. Esta solución, innovadora para la época, fue más un problema por constantes fallas y la dificultad de mantención, siendo reemplazada normalmente por los mismos dueños con espirales comunes.

Foto, Guillermo Zuñiga

El Cadillac Eldorado Seville nunca se basó en un Coupé Series 62, siempre estuvo basado en el Biarritz convertible, otorgándole un diseño de parabrisas trasero más amplio y fino, sin llegar a ser un coupé por completo, a pesar de que el techo no era desmontable.
El diseño de la Serie 62 y Eldorado estuvo a cargo de Harley Earl, padre del Corvette y otros tantos modelos importantes de General Motors. Para Eldorado Seville el diseño se limpió con respecto al Series 62, la parrilla delantera, con una rejilla más fina y discreta, además de líneas diferentes en las puntas tipo torpedo del frontal.  Los faros traseros se fundieron en la carrocería, se eliminaron ornamentos en el capó y los laterales además de tubos de escape circulares incorporados en molduras cromadas, a diferencia del tremendo parachoques cromado en el modelo estándar. Toda esta maravilla se acompañó de avances importantes en la tecnología, ciertamente opacados por el esplendor visual. Chapas electrónicas se encargaban de abrir puertas y maletero, inicialmente incluidas en el Brougham, considerado como el tope de línea. El aire acondicionado era infaltable y las radios  de tubos se cambiaron por radio con transistores de mayor fidelidad de audio.
Sólo 855 Eldorado Seville se vendieron en la versión 1958, denominada 6237-D que pertenecía a la segunda generación de estos exclusivos modelos; $7140 dólares era el valor de un Seville en 1958, hoy serían cerca de $90.000 dólares, mientras que la versión Brougham podía llegar a los $13.000 dólares, unos $170.000 dólares actuales.


Para 1959 los cambios fueron tremendos, aumentando las dimensiones de todo lo incluido en los series 62 y Eldorado. Las aletas más prominentes en la historia del automóvil vieron la luz con la generación 1959 de los Series 62, transformándolos en objetos de culto y polémica hasta el día de hoy.
Tanto fue el revuelo causado por este agresor diseño, que Cadillac redujo drásticamente su dimensión para 1960 bajo la excusa de seguridad vial. Hoy estos diseños contestatarios son una referencia histórica que obedeció a la carrera aeroespacial que disfrazaba la Guerra Fría en los Estados Unidos. Sus dimensiones han sido las más grandes en la historia de la marca, 5,5 metros de largo y 2 de ancho para 1958 y 5,8 metros de largo para 1959, sus pesos bordeaban los 2500 kilos.

Foto, Pablo Olivera

El lujo y la ostentación en Estados Unidos entraban visualmente con diseños esplendorosos y vehículos cada vez más grandes, tan fuerte fue el revuelo social, que desde Europa comenzaron a aparecer diseños inspirados en los Cadillacs, como el Ferrari 410 Superamerica carrozado por Ghia, un claro exponente de la influencia Eldorado.
A pesar de que las cifras eran bastante pequeñas en comparación al resto de la producción de Cadillac que sobrepasaba las 120 mil unidades para 1958, Eldorado siempre fue un proyecto viable, se mantuvo en producción hasta el año 2002. Hoy las versiones de finales de los años 50, sobre todo las de 1958 y 1959 son las más valoradas y codiciadas en el mercado de los modelos clásicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *